miércoles, 21 de julio de 2021

LA MOTO Y YO (Memorias de un motorista aficionado). 4ª Parte

 

LA CABRA SIEMPRE TIRA AL MONTE: BULTACO PURSANG Mk6

 

Ya dije que no encontraba compañeros para hacer excursiones con la Metralla, unos estaban en el Servicio Militar, otros vendieron la moto y pensé que con una moto de cross podría divertirme en el campo y de paso competir en carreras por la provincia. Rita (que por entonces tenía una Montesa Cota 49) me vio tan entusiasmado que me regaló un remolque para dos motos con el que poder desplazarnos. El problema es que no tenía coche, pero le puse un enganche al Simca 1200 de mi hermano Jose y me lo prestaba de vez en cuando para ir con la Pursang a entrenar o a las carreras. Hice varias en Sevilla, Jerez, Chiclana y sobre todo en la Base de Rota. 

El remolque, en el Simca 1200 de mi hermano.

Finalmente mi padre me regaló un Simca 900 proveniente de la autoescuela y le puse un enganche para el remolque, con lo que ya nos resultaba más fácil trasladar las motos para hacer pequeñas salidas por el campo acompañado por Rita y por supuesto para entrenar y acudir a las carreras.

La Pursang en el remolque, ya instalado en el Simca 900

El remolque con la Pursang y la Cota de Rita


En una prueba de moto-cross en Jerez, valedera para el Campeonato de España en la que los Junior hacíamos de “teloneros” de la carrera del Campeonato, coincidí con Toni Elías (padre) que también era Junior entonces y por poco lo tiro, bueno fue “sin querer”. Cuando Elías iba a doblarme, justo antes de un pequeño salto, se me quedó la moto como en punto muerto porque se había roto la cadena primaria de la transmisión y nos tocamos los manillares, menos mal que no llegó a caerse.

También competí en Sevilla en una de esas carreras patrocinadas por El Corte Inglés, en la que no pude terminar porque en una caída se rompió el pedal del freno y no quise seguir en esas condiciones. A esa carrera asistí con mi hermano y las respectivas novias y recuerdo que con el dinero de la prima de salida nos pegamos una buena comida en una venta con angulas incluidas.

En la carrera de Sevilla

También corrí en Chiclana, donde me gustaba ir porque la gente del Moto Club Chiclanero era muy amable. Ya antes había participado allí con la Montesa Texas e incluso en otra ocasión con una Bultaco Lobito que me prestó un amigo. El circuito era muy curioso porque estaba prácticamente metido en el pueblo y a algunas carreras acudían los mejores pilotos de España.

En los boxes del circuito de Chiclana

Con la Lobito en Chiclana

Dos imágenes de mi participación en Chiclana con la Pursang



Al poco tiempo me tuve que ir a “la mili” a Obejo (Córdoba) y cuando volví al cuartel a Cádiz me dijeron que estaba prohibido montar en moto. Se acabaron las carreras… 

Pero me enteré de que en la Base de Rota los americanos organizaban carreras en un magnífico circuito de moto cross donde no hacía falta licencia para correr y además en el cuartel no se enteraban. A propósito de que no se enteraban: un domingo fui al lugar donde solíamos entrenar, a ver a un amigo que estrenaba una Montesa. Improvisamos un circuito donde anteriormente hubo un camping del Vespa Club de Cádiz, situado junto a la vía del tren. Muy amablemente me la prestó para que diera unas vueltas y no me pude negar. Iba vestido “de calle” con unos vaqueros y unos zapatos “castellanos” y ¡sin casco!. En una de las rectas que estaba muy bacheada, el manillar empezó a oscilar como es natural, pero lo que no era natural fue que ¡de repente se salieron los puños del manillar!. Allí me vi rodando de pie en la moto y suelto de manos, involuntariamente… el batacazo fue inevitable porque además los pies, elegantemente calzados con esos magníficos mocasines, se me resbalaron de los reposapiés. Total, contusión fuerte en la rodilla y magulladuras generalizadas. Estaba hablando del cuartel ¿no?. Pues entre los espectadores ocasionales que acudían los domingos al “circuito” a ver saltar las motos estaba el capitán de mi Compañía que el lunes me estaba esperando “con la escopeta cargada” (es un decir). La verdad es que no me dijo muchas cosas y sobre todo, no me arrestó. Pero se enteraban...


Entrenando en el circuito del Camping Vespa situado a la entrada de Cádiz


Y volviendo al circuito de la Base de Rota, las carreras eran en domingos alternos y constaban de tres mangas de 30 minutos, cuando en España solían ser de dos mangas de 20 minutos, por lo que eran una auténtica paliza. Pero nos gustaba ir a Rita y a mí porque en el mismo circuito ponían un quiosco donde vendían hamburguesas, perritos calientes y latas de cerveza, que aún no se veían en España. Además, los yanquis nos trataban muy bien y había mucho compañerismo. En la Base normalmente no podían entrar civiles, pero como el circuito estaba muy cerca de la valla que la delimita y también de la carretera de circunvalación, en cuanto los americanos nos veían con el remolque y la moto, nos hacía señas para que fuésemos a la puerta de acceso a la Base y allí nos gestionaban un pase para todo el día. Cuando terminaban las carreras nos íbamos al restaurante de la Terminal del aeropuerto militar y comprábamos latas de cerveza y otras cosas que no había en las tiendas españolas.

En una de las carreras en la Base, en un salto de 4ª marcha noté que la rueda delantera estaba inclinada y sin embargo el manillar iba recto… antes de poder pensar nada me vi en el suelo y con la sensación de haber perdido los dientes y un cierto dolor en la pierna. ¡Se había roto el eje delantero! por lo que después del salto aterricé con la horquilla delantera clavada en los radios de la rueda. El circuito era muy largo y con muchas variantes para cambiar el trazado cada semana y la caída fue en un lugar apartado y un poco escondido. Yo estaba como asfixiado y quería quitarme el casco pero no podía… finalmente llegaron otros pilotos y junto con un fotógrafo que estaba por allí me auxiliaron y pude respirar. No tenía nada roto, solamente una buena hinchazón debajo de la rodilla (la misma rodilla del día de la Montesa de los puños sueltos) y la boca hinchada. Después de eso pensé que las carreras de motocross no eran lo mío y sólo utilicé la Pursang para divertirme por el campo o “entrenar” sin mayores pretensiones. 









Como expuse anteriormente, el circuito donde entrenábamos estaba junto a la vía del tren que carecía de alambradas de protección, aunque estaba algo sobreelevada y ¿sabéis qué había al otro lado de la vía? Pues un polígono industrial sin edificaciones donde solía entrenar mi amigo Manolo con la Bultaco TSS y la Derbi RAN de las imágenes. Algunas veces, cuando estaba en el circuito de cross con mi Pursang, se oía la moto de Manolo que estaba entrenando en el polígono del otro lado de la vía férrea y como me tiraba más la velocidad, cruzaba la vía y nos echábamos unos piques, él con la TSS y yo con la Pursang. La cosa estaba muy igualada, pues el circuito tenía rectas muy cortas y el desarrollo de la Pursang era más adecuado y dado que había mucha arena y gravilla suelta por algunas zonas, la moto de cross resultaba más adecuada, a pesar de las ruedas de tacos y de los frenos tan precarios para el circuito de asfalto. Total que me pasaba unas tardes de sábado de aúpa, sin el agobio de una competición oficial.


Manolo con su Bultaco TSS refrigerada por agua

Antes de terminar “la mili”, como no podía correr, colaboré con el Moto Club Gaditano, o sea, con Daniel Ibáñez, en la organización de una carrera en un nuevo circuito en el mismo recinto del Camping Vespa. Incluso me subí en una máquina excavadora para darle instrucciones al operario de por dónde iba a ir el trazado y los saltos que tenía que construir. No pude correr, pero fue una carrera inolvidable y además era la primera vez que se organizaba una carrera de moto-cross en la ciudad de Cádiz.

Autorización para la primera carrera de moto-cross en Cádiz

 

José Verdugo "El Gordito" uno de los participantes en la 1ª carrera de Moto-Cross de Cádiz, en un salto del circuito del Camping Vespa y a quien le compré la Pursang

Cuando Rita y yo nos casamos, vendimos las motos, el remolque y el Simca 900 para comprarnos un Citroën GS nuevo y ahí empezó un periodo de dos años en el que estuve sin moto, pero la afición no disminuyó y seguía leyendo revistas de motos españolas y francesas y por supuesto asistiendo como espectadores a todo tipo de carreras

En un viaje con el Citroën a Madrid, para ver un Gran Premio de España de 1978, me impresionó la Ducati Desmo 500 (bueno y muchas más, pero la Desmo la veía asequible) y poco tiempo después la compré, terminando así el bienio sin moto.

domingo, 11 de julio de 2021

LA MOTO Y YO (Memorias de un motorista aficionado). 3ª Parte

 

BULTACO METRALLA MK2 ¡CÓMO CORRÍA!

La Metralla la tuve poco tiempo, no llegó al año, pues no encontraba compañeros para excursiones y resultaba un poco incómoda para aquellas carreteras de la Sierra tan bacheadas. Además, ya estaba estudiando en Cádiz después de mi aventura sevillana y ahora había que "hincar los codos" de verdad para recuperar la credibilidad, lo que me dejaba poco tiempo para la moto. Aún así la disfruté bastante, pero me resultó un poco decepcionante. No es que la moto en sí me decepcionara ¡qué va! Más bien me sentí engañado por la publicidad y el catálogo de Bultaco, donde indicaban que su velocidad máxima era de 164 km/h…

Con la Bultaco Metralla con la indumentaria de la época para ir por ciudad

Yo la cronometré a casi 150 km/h y la verdad es que ya estaba bien, teniendo en cuenta que estábamos en 1974, las carreteras que había, los neumáticos que llevaba, etc. Pero no dejaba de ser un engaño. Luego me enteré que en Bultaco decían que la velocidad del catálogo la alcanzó con un piloto de la fábrica con mono de cuero y un desarrollo diferente al de serie (y alguna cosa más, añadiría yo). Y eso que mi Metralla tenía manillar bajo y el asiento rebajado, con lo que se supone que tendría mejor aerodinámica. Además era de la última serie, que montaban un carburador AMAL concéntrico que por lo visto iba mejor que el de las primeras. 


Hablando del carburador, la Metralla gastaba casi 10 litros a los cien kilómetros si le pegabas como ella “pedía” y cuando la compré, si la usaba mucho para callejear, engrasaba la bujía. Para evitarlo, tenía otra bujía más “caliente” y además le bajaba una ranura la aguja de la campana y si iba a salir por carretera, le ponía la bujía más fría y volvía a subir la aguja, con lo que evitaba los problemas. Creo que el anterior propietario tocó algo el motor o al menos la culata del mismo. De todas formas, era suficiente para salir victorioso de algunos “piques” con los americanos de la Base de Rota que disfrutaban de la Triumph, Norton o BSA que se quedaban maravillados con la aceleración de la Metralla. Además, esos problemas de carburación se terminaron cuando empecé a utilizar para la mezcla, aceite Finamix 3.


La Metralla "Kit América" de mi amigo Ramón Puyana

¡UNA MOTO CON MARCHA ATRÁS!

Lo de que tenía la culata “tocada” o sea, rebajada para aumentarle la compresión, me lo hizo pensar lo que me ocurrió esperando en un semáforo en rojo. Bueno, mejor cuando se puso verde: mientras esperaba, noté una explosión rara y el motor un poco más brusco y cuando puse la primera para salir y solté el embrague, la moto salió…¡para atrás!. Por lo visto había hecho un autoencendido tan brutal que se invirtió el sentido de giro. Sí, sí eso es posible en los motores clásicos de dos tiempos. De hecho algunos barcos antiguos equipados con motores Diesel de dos tiempos, no tenía inversor, o sea, marcha atrás y había que parar el motor y arrancarlos al revés. Pero la sorpresa que me llevé fue enorme y el dolor que me produjo en mis partes nobles el impacto contra el depósito de la Metralla, más enorme todavía.

UNA METRALLA MUY ESPECIAL

Estando de viaje en Barcelona, con ocasión de las 24 Horas de Montjuich de 1973, pude fotografiar una Bultaco Metralla muy especial, en las inmediaciones del circuito. Al parecer era un prototipo de fábrica del futuro modelo. El motor, tubo de escape, faro, relojes, guardabarros, horquilla delantera, intermitentes, manillar y quizás el asiento, creo que eran similares a los que luego llevaría la Metralla GT de 1975, sin embargo el chasis, depósito y caja de herramientas eran similares a los de la Mk2.

La Metralla "prototipo" aparcada en la Avda. Reina Mª Cristina de Barcelona


DE "CARRERITAS" CON LA METRALLA

En algunas ocasiones unos aficionados de Cádiz que también tenían Metralla y alguna moto más que no recuerdo, “entrenaban” en un polígono industrial los sábados por la tarde. Y claro, allí estaba yo con mi flamante Metralla Mk2. Uno de esos aficionados era bombero, por lo que tenía buena relación con la Policía Municipal y conseguía que los guardias cerraran al tráfico durante unas horas algunas calles del polígono, por lo que se corría con cierta seguridad. Recuerdo que iba bastante bien y eso me animaba, pero a la salida de una de las curvas había una farola que la veía cada vez más cerca y eso me hizo cortar un poco y decidí no volver por allí. Creo que lo mismo pensaron los municipales, porque tampoco volvieron para cortar las calles. 

Imágenes de mi amigo Manolo, entrenando con la Bultaco TSS y la Derbi RAN en otro polígono cercano del que hablaré más adelante:










Pero me quedó el gusanillo de la competición, aunque mi padre lo atajó rápidamente y me dijo que si quería correr, lo hiciera en moto-cross.

Así que poco tiempo después cambié la Metralla por una Bultaco Pursang de segunda mano que le compré al piloto chiclanero José Verdugo Baro "El Gordito", que tenía una tienda de motos con el mismo nombre.

La matrícula de la Metralla era CA-93766. Lo digo como el que lanza un mensaje en una botella... por si alguien que la conozca actualmente lee este artículo, ¡quién sabe!. Así encontré "mi" Montesa Texas 40 años después.


lunes, 5 de julio de 2021

LA MOTO Y YO (Memorias de un motorista aficionado). 2ª Parte

MI PRIMERA “GRAN MOTO”: LA MONTESA TEXAS 175 

Cuando ya vi que la compra de una nueva moto podría ser inminente, empecé a buscar una que le convenciera a mi padre. Me dijo que como máximo fuera de 125 cc y yo pensaba que con esa cilindrada correría prácticamente lo mismo una de “Todo Terreno” que una de carretera y sin embargo un modelo “campero” me permitiría un uso más variado y divertido, por lo que me decanté por una Bultaco Lobito 125 de la 2ª serie, o sea las amarillas. Pregunté en el Concesionario Bultaco de Jerez y no estaba “ni se la esperaba”. También pregunté en Sevilla, donde estaba estudiando, y tampoco me daban esperanza de que les llegara. Incluso escribí a la propia fábrica y ni siquiera me contestaron, por lo visto estaban muy atareados en la producción de motos para los Estados Unidos y no se ocupaban mucho del mercado español. 

Y de otras marcas tampoco había modelos de esa cilindrada que me gustasen, así que cuando ya estaba un poco desesperado, vi una Montesa Texas 175 en el Concesionario Oficial de Jerez que, aunque ya era un modelo descatalogado, me gustaba bastante pero… era de 175 cc. Convencí a mi padre de que a pesar de su cilindrada no corría mucho y que costaba casi igual que la Lobito, su aspecto y sobre todo su envergadura eran similares y además ¡estaba allí! Así que me la compró.

Rita posando con la recién estrenada Texas 

De hecho, hablando del aspecto de la Texas, en los primeros días que la tuve y paseando con Rita por Cádiz me paró un Policía Municipal para decirme que en esa moto no podían ir dos personas… ¡pensaba que era un ciclomotor! Luego, cuando vio la matrícula se dio cuenta, pero menudo chasco que me llevé… y yo que pensaba que iba en una gran moto. Supongo que la confundiría con una Montesita 50 que llevaba el mismo depósito. Realmente se veía pequeña junto a una Matador, pero no era para tanto y si no, a las fotos me remito. Pese a todo, al principio pensaba que no podría hacer las mismas cosas que con la Vespa (me refiero a tomar las curvas y otras "virguerías" que hacía con el escúter) porque la veía grande y potente pero a los pocos días esa sensación desapareció.

La Montesa Texas la estrené en Semana Santa de 1972 y después de las vacaciones me la llevé a Sevilla donde estaba estudiando. En el primer viaje que hice de Cádiz a Sevilla, aún en rodaje, por el camino me encontré con un R 8 en una gasolinera al que acababa de adelantar y su conductor se quedó mirando a la moto y me dijo “como corre”, lo que me sorprendió porque no me daba la sensación de ir “pegándole”. Y en el segundo desplazamiento de Cádiz a Sevilla, de noche, fui por la autopista para probar y se fundió, primero la luz larga y luego la de cruce. Entonces me puse detrás de un coche que me había adelantado para poder ir con más seguridad, pero su conductor se debió mosquear porque aceleró y me dejó vendido y a oscuras. Y así, intentando “engancharme” a los coches, llegué a Sevilla donde un Policía Municipal me paró por ir sin luces y tuve que ir empujando la moto hasta la residencia donde estudiaba. Si le llego a decir que venía casi desde Cádiz a oscuras… 

En la residencia estudiantil trabé una gran amistad con Alfonso, magnífico fotógrafo y mejor persona con el que hice bastantes excursiones con la Texas por las sierras de Sevilla y Cádiz. De Alfonso son algunas de las primeras fotos que tengo de la Texas y que revelábamos en el “laboratorio” que tenía en mi habitación de estudiante. Él vivía en Jerez y muchos fines de semana aprovechaba que yo venía a Cádiz y se venía conmigo hasta Jerez. Una noche nos quedamos sin gasolina y tuvimos que empujar la moto durante varios kilómetros hasta encontrar una gasolinera, así que en esa ocasión parte del viaje lo hizo andando… menos mal que no le cobraba nada por llevarlo.
Fotos que me hizo Alfonso en Sevilla
En otra ocasión fuimos a ver el Rally Torre del Oro que se desarrollaba en las sierras Norte de Sevilla y de Aracena. La moto tenía apenas unas semanas y, ya fuera por el tiempo que estuvo en el concesionario sin vender, o por otra causa, ese día sufrimos un pinchazo cerca de Aracena. Menos mal que también venía con nosotros Agustín, que también estaba en la misma residencia y se llevó la rueda a reparar al taller más cercano. Ya en el camino de vuelta a Sevilla se le rompió el cable del acelerador y tuve que hacer más de cien kilómetros tirando del cable con la mano para poder acelerar.
En la foto, entre los R8 aparcados, se aprecia la rueda de la moto desmontada y a la izquierda se ve un poco la Bultaco Junior de Agustín. había que esperar a que pasaran los coches del Rally para poder ir a buscar el taller.


Otro día fui a un sitio donde solían quedar los aficionados sevillanos para las salidas todo terreno, pero no encontré a nadie y me aventuré a seguir sólo por donde me habían indicado que iban. La verdad es que disfruté mucho, pero llegó un momento en que el sendero que estaba siguiendo paralelo al cauce de un riachuelo, prácticamente desapareció y caí en el agua… menos mal que tanto la moto como yo quedamos de pie, pero no la podía sacar del cauce. Recordé que cerca de allí me crucé con un lugareño que estaba con un burro. Caminé hasta él y muy amablemente me ayudó a sacar la moto del agua por el otro lado del río y me indicó el camino que podía seguir hasta la carretera más próxima. Por un tiempo se me quitaron las ganas de aventuras campestres en solitario. 

Pocos tiempo después, fui desde Sevilla con Alfonso y otros compañeros de estudios a Olvera, en la provincia de Cádiz, para pasar unos días en el campo con una tienda de campaña. Alfonso y yo íbamos en la Montesa y los demás en autobús y dormíamos en una colina cerca de Olvera. 




Desde allí hice varias excursiones con Alfonso para buscar la línea de ferrocarril de Jerez a Almargen, pero no pudimos encontrarla. La buscábamos por el nordeste y estaba en el oeste… Esta línea se conoce actualmente como Vía Verde de la Sierra y es perfectamente transitable a pie o en bici y es muy interesante, pues conserva túneles y viaductos, así como estaciones y otras instalaciones. Luego llegué a recorrerla en gran parte ¡por fin! con la Yamaha Superténéré que tuve en los años ’90 antes de que la convirtieran en Vía Verde y ya como tal, la he recorrido un par de veces en bicicleta.

Buscando la vía del ferrocarril abandonado

Camino de Olvera

En la Universidad de Sevilla se organizó un Cursillo de divulgación del Trial en las que el campeón Pedro Pi, que desarrolló la Montesa Cota, y el entonces Campeón Mundial de la especialidad, Rob Edwards daban unas charlas-coloquio y al día siguiente unas clases prácticas en una localidad próxima a Sevilla. También presentaron los últimos modelos de la marca: King Scorpion Automix y Rápita Automix que llevaban como novedad el engrase con depósito separado y bomba de aceite que era toda una novedad en España. Por entonces ya estaba estudiando en Cádiz y acudí con Rita en la Montesa Texas. Resultó muy interesante y además nos permitió pasar un fin de semana en Sevilla. Pero las clases prácticas (a las que fui con la Texas) resultaron un poco frustrantes. Entre que el trial no es lo mío y que la Texas no era la moto adecuada, tuve una caída en la que rompí el faro y que me quitó las ganas de seguir haciendo “el cabra”. Además, teníamos que volver a Cádiz con la moto. 

Pedro Pi en el cursillo de Sevilla

Descansando a la vuelta de Sevilla

Con la Montesa Texas hice muchas excursiones por la Sierra de Cádiz en incluso algunas de todo terreno:


En Grazalema






Durante una excursión campera



 y también algunos viajes como el que realizamos Antonio y yo a Sierra Nevada para ver una subida automovilística 






Antonio y la Texas en el Veleta


pero sobre todo, el mayor viaje que hice con la Texas fue una casi Vuelta a España inolvidable que he incluido en este mismo blog y podéis leer pinchando aquí.

Rita con su Montesa Cota y yo con la Texas



Después de ese viaje, la Texas se me quedaba pequeña y al mismo tiempo me iba picando el gusanillo de la velocidad, por lo que la vendí y con ese dinero y con el de unas clase particulares que iba dando, me pude comprar una Bultaco Metralla Mk2 de segunda mano pero muy nueva. Pero antes me atreví a correr una prueba de moto-cross en Chiclana con mi querida Texas (en la categoría de 250 cc) en la que quedé 6º y último clasificado, pero al menos terminé las dos mangas entre Bultaco Pursang y Montesa Cappra.


Entrenando con la Texas

Compitiendo con la Texas en Chiclana


Después de venderla, le perdí la pista durante muchos años, hasta que recibí ¡oh sorpresa! un mensaje de un lector del blog que me dijo que la tenía. Se trataba de mi ya amigo Pelayo, buen coleccionista y restaurador (de motos y de restaurante) que la tenía expuesta en lugar preferente de su colección en el pequeño museo de motos-tienda gourmet de productos gaditanos Pelayo Gourmet Cádiz que tiene en la calle Cobos de Cádiz. Recientemente me enteré que la vendió.

Continuará...