lunes, 1 de diciembre de 2014

De Cádiz al Circuito del Jarama en una Vespa 75. (Año 1970)

Desde muy pequeño me apasionaban los coches y las motos (y los camiones, las bicicletas...) y por supuesto las carreras. Recién cumplidos los 18 años, con la novedad del carnet de coche, una de las modalidades de carreras que más me gustaban era la de turismos. Tras leer en varias revistas (sobre todo francesas) reportajes del Campeonato de Europa de Turismos y enterarme de que el 27 de septiembre se iba a celebrar una carrera de 4 Horas valedera para ese Campeonato en el circuito del Jarama de Madrid (bueno, de San Sebastián de los Reyes) me planteé muy seriamente el ir a verla. Se lo comenté a mi amigo Antonio y él no lo dudó ni un momento... ¿cuándo nos vamos?

El vehículo que disponíamos para el viaje era mi fiel Vespa 75 que tenía desde hacía casi dos años y en ella teníamos que cargar la tienda de campaña, las colchonetas, los sacos y un montón de comida enlatada además de nosotros.

Unos días antes de salir la llevé al taller para una pequeña revisión y sobre todo para quitar las carbonilla de la lumbrera de escape, porque la moto tenía ya bastantes kilómetros.

La Vespa 75 y yo

Así que el viernes 25 de septiembre de 1970 salimos temprano de Cádiz, con toda la ilusión del mundo hacia el Jarama. Nos esperaban casi 700 kms. La primera parada fue cerca de Écija para echar gasolina y la siguiente en Córdoba... y ahí empezaron nuestras desventuras.

De momento, cuando íbamos a hacer las primeras fotos del viaje junto a uno de los puentes sobre el Guadalquivir en Córdoba, no funcionó la pequeña cámara Kodak Instamatic 100 que llevábamos. Poco después, cuando arranqué la moto para continuar el viaje, empezó a ir mal, como sin fuerza y ya en la carretera no pasaba de 40 km/h cuando lo normal es que alcanzara casi los 70 a pesar de la carga. Desmonté la bujía, también el carburador y nada, seguía igual. Y a velocidad de Vespino recién salido de la tienda, llegamos a Bailén donde, ya de noche, en un taller miraron los platinos pero el mecánico me decía que eso sería de la carbonilla del escape. Yo le decía que imposible, pues me lo habían limpiado antes de salir de Cádiz, así que continuamos ruta.

Al poco rato paramos a pasar la noche en un olivar junto a la carretera, donde montamos la tienda de campaña y entre dudas si volvernos para Cádiz o seguir hacia Madrid nos quedamos dormidos. Antonio fue el que me animó a seguir, pues yo estaba un poco decepcionado.

Pero antes de amanecer nos despertaron unos golpes en la tienda de campaña... era una pareja de la Guardia Civil a caballo que nos hizo salir de la tienda. ¿Qué sóis maletillas? nos preguntaron y nosotros pensando ¿dónde habrán visto éstos unos maletillas en Vespa y con tienda de campaña? ¿y dónde estaban los toros? El caso es que nos obligaron a marcharnos cuando todavía era de noche.

Total que algo cabreados por el “plácido” despertar, seguimos, el sábado 26, recorriendo nuestra querida N-IV y atravesamos Despeñaperros donde intenté de nuevo solucionar el problema mecánico limpiando otra vez el carburador y vi que sin filtro de aire parecía ir mejor, así que nos plantamos en la infinita recta de La Mancha circulando a 40 km/ por esa interminable carretera. Por lo menos en Despeñaperros volvió a funcionar de nuevo la Kodak Instamatic...


Un descansito en Despeñaperros


En el famoso salto del fraile. Ahora ahí está la autovía A-4 y el tren tiene doble vía.

Varias horas después llegamos a Manzanares y encontramos un taller donde el mecánico volvió a decir lo mismo de la carbonilla, así que esta vez accedí y, sin desmontar el cilindro, limpió como mejor pudo la lumbrera y la moto volvió otra vez a ser la que era, o sea, que casi alcanzaba los 70 en llano.
Con alegría, y recordando al mecánico de Cádiz, continuamos camino hasta el Jarama atravesando Madrid con emoción (entonces no existía ni la M-30) y por la tarde llegamos al "Camping Aterpe Alai" que había cerca del circuito. ¡Lo logramos!

Por la mañana del domingo 27, a primera hora, entramos en el circuito y pudimos movernos por el paddock y sacar fotos a los coches que tantas veces habíamos visto en las revistas. Y después también, disfrutar con la carrera en distintas curvas del circuito.

En la zona conocida como el "super siete" del Jarama



En el paddock del Jarama

Fiat Abarth 1000 TCR


Una vez terminada la carrera, ya por la tarde, emprendimos el regreso con el fin de, por lo menos, atravesar Madrid y quitarnos algunos kilómetros para el lunes. 
Pudimos llegar hasta Ocaña e hicimos noche con nuestra tienda junto a las obras de unas naves que había a pie de carretera, pues así estábamos más resguardados y además había agua para lavarnos.
A la mañana siguiente, bien temprano salimos para Cádiz donde llegamos por la noche tras recorrer ese día más de 600 km ¡a 70 km/h en llano!

Este fue nuestro primer “gran viaje en moto” y a pesar de lo que nos costó realizarlo, nos hizo aficionarnos aún más si cabe a esta forma de viajar y por supuesto a la moto.

(P.D.: El pelo es auténtico, nada de peluquín, la Vespa me la robaron unos años después, pero la Kodak Instamatic 100 aún la conservo).

6 comentarios:

  1. Qué delicia de viaje y unas fotos memorables!! :)

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  2. Que bueno seguir conservando esa gran afición a la moto 10, 20, 30, 40 o mas años, disfrutándola y creando ambiente de disfrute a los demás.Ese gusanillo es un gran regalo de Dios y hay que transmitirlo y aprovecharlo

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  3. Esas Vespas eran increibles, podían con todo, se disfrutaban con tan solo echarle la vista y cuando la conducías te transportaba al mundo de la libertad motera sencilla, fácil e inolvidable.
    Lucaru

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  4. Muchas gracias por tus palabras y gracias por seguir el blog.

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